Las algas árticas que derriten el hielo de Groenlandia

Las algas árticas que derriten el hielo de Groenlandia

ROSA M. TRISTÁN

Un equipo de científicos, entre los que se encuentra el climatólogo norteamericano Jason Box, asesor científico del Trineo de Viento, ha revelado que se está acelerando el crecimiento de algas en la capa de hielo del interior de Groenlandia, la segunda más grande de la Tierra después de la Antártida, y que este fenómeno reduce la reflectividad de la luz solar y, en consecuencia, contribuye más al deshielo que el dióxido de carbono o el polvo que llega impulsado por el viento. Las algas árticas se convierten así en un factor fundamental a tener en cuenta a la hora de realizar  proyecciones del derretimiento en Ártico y, por tanto, del futuro aumento del nivel del mar.

Algas del hielo ártico. @Marian Yallop

Conviene recordar que el oscurecimiento del hielo ártico lleva tiempo estudiándose con proyectos como el que dirige el propio Jason Box, bautizado como Dark Snow, para el cual el Trineo de Viento recogió datos en su expedición de 2017 , si bien los investigadores se centraban hasta ahora en el impacto de materiales como el polvo o la contaminación por carbón proveniente de las industrias  y los incendios. El efecto del aumento de las algas que hay en el hielo estaba pendiente de analizar y ahora resulta, según se acaba de publicar en Geophysical Research Letters  (revista de la American Geophysical Union), que estos organismos son responsables de entre el 5% y el 10% del deshielo que tiene lugar cada verano en la isla ártica.

Estas conclusiones se basan en la recogida de datos que tuvo lugar en el suroeste de la capa de hielo de Groenlandia en 2014 durante 56 días, coincidiendo con la expedición Circunnavegación de Groenlandia del Trineo de Viento, si bien en esa ocasión no realizó trabajos para este trabajo dado que Box aún no conocía esta plataforma móvil. Los científicos examinaron diferentes lugares en un área que se oscurece cada año en verano (entre los 65º y los 70º Norte) y midieron la reflectividad de la superficie, a la vez que recogían algas de diferentes especies. El coautor del trabajo Marek Stibal, de la Universidad Charles de República Checa, ha señalado que estas algas pueden confundirse con el carbono negro y el polvo, dado que sólo en grandes concentraciones adquieren un tinte rojizo.

Por su parte, Box, el otro coautor principal, añade que a veces esas algas se mezclan con las partículas contaminantes, lo que complica la situación, si bien dado que éstas son 10 veces más grandes y ademas más abundantes, no hay duda de que “son el agente dominante del oscurecimiento”. Para el científico,  ese oscurecimiento es el mayor responsable de la fusión del hielo ártico y augura que a medida que aumenten las temperaturas, también se incrementará el crecimiento de las algas, dado que pueden tener acceso a más nutrientes. Además, curiosamente estas algas producen pigmentos oscuros para protegerse de la radiación de alta intensidad (el mismo sistema utilizado por el ser humano), lo que tampoco es una buena noticia.

Nathan Chrismas recogiendo muestras. @Karen Cameron / Sara Penrhyn Jones

En su recogida de datos, los científicos usaron espectrómetros y albedómetros portátiles para medir la reflectividad, recogieron muestras de hielo superficial y llevaron un microscopio de campo para caracterizar las algas y contar el número de células  en cada muestra. De este modo, analizaron ‘in situ’ la relación entre el crecimiento de las algas y la cantidad de luz reflejada por la superficie de la capa de hielo. Calcularon que el crecimiento de las algas representaba aproximadamente el 70% de la variación de esa reflección de la luz solar, mientras que el resto se debía a la lluvia; otras impurezas no eran significativas para  su análisis. 

Nozomu Takeuchi, profesor de ciencias de la tierra en la Universidad de Chiba en Japón, al hilo de este trabajo, ha señalado en declaraciones a Science Daily que la nueva investigación destaca la importancia de los procesos biológicos en la criosfera. “La principal implicación de estos hallazgos es que la capa de hielo no es un simple sistema abiótico de nieve y hielo, sino que es más bien un ecosistema”, ha declarado. “Comprender este proceso biológico de forma más cuantitativa podría inducir una nueva perspectiva sobre otros ciclos climáticos de la Tierra, como los ciclos glaciales-interglaciales”. 

Este tipo de trabajos científicos, de impacto internacional, son un ejemplo más de los que se podrían desarrollar en un plataforma móvil como es el Trineo de Viento, capaz de recorrer miles de kilómetros recogiendo datos y muestras de organismos sin dejar huella y a un coste mucho menor que cualquier otro medio de transporte polar.

 

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