La NASA lanza una expedición antártica: 750 kilómetros

La NASA lanza una expedición antártica: 750 kilómetros

La NASA acaba de iniciar una de las pocas expediciones antárticas que se realizan en este continente, de 750 kilómetros de recorrido. Su objetivo es explorar una zona desconocida del hielo ártico, aprovechando el verano en el continente blanco. El equipo, de cuatro personas, entre ellas la científica Kelly Brunt, el científico Tom Neumann, el guía-alpinista Forest MacCartthy y un mecánico, tienen previsto realizar una ruta en arco hacia el sur desde su salida, en el Polo Sur Geográfico. Con esta expedición, de unas tres semanas, tienen como objetivo recoger información que permita tener una mejor precisión de los datos que, desde el espacio, se recogerán en la misión ICESat-2, de la NASA en 2018.

Esta expedición es un claro ejemplo del tipo de trabajos científicos que se pueden realizar con el Trineo de Viento /Inuit WindSled, un vehículo capaz de recorrer con equipamiento científico como el que llevan a bordo (georadar, recogida de datos de la nieve y el hielo, estaciones meteorológicas, etc), capaz de moverse a lo largo de miles de kilómetros y capaz de alcanzar coordenadas muy precisas (como se demostró en el último viaje). Todo con ‘cero emisiones’ y a un precio asumible, que permitiría realizar este tipo de expediciones de forma más frecuente.

Volviendo a esta expedición, hay que comenzar señalando que los satélites Ice, Cloud y Land Elevation Satellite-2, o ICESat-2, gracias a unas 10.000 pulsaciones de de láser por segundo, permitirán a los científicos medir la elevación de capas de hielo, glaciares y hielo marino con un detalle sin precedentes para determinar el alcance del calentamiento global.  Desde hace tiempo, las áreas congeladas y heladas de nuestro planeta, llamadas la criosfera, son un foco clave en la investigación de la ciencia de la Tierra de la NASA, pero es imprescindible ir al terreno para luego poder realizar el análisis más precio de los datos que llegan el espacio, según reconoce la NASA en un comunicado. ICESat-2 rastreará los cambios a lo largo del tiempo, dado que pequeñas cantidades de deshielo en áreas de Groenlandia o la Antártida pueden convertirse  en grandes cantidades de agua que contribuyen al aumento del nivel del mar.

Los cuatro expedicionarios de la NASA. @NASA

Los expedicionarios, que han comenzado la expedición el día 21 de diciembre de 2017, llevan consigo instrumentos científicos adaptados para un clima de extremo frío, dado que esperan soportar temperaturas por debajo de los -20ºC. Viajan en dos trineos tirados por máquinas de nieve tipo tanque llamadas PistenBullys, con suficiente combustible y repuestos por si hay averías. Su ruta, señalan, puede verse bloqueada por dunas de hielo, impulsadas por el viento, ante las que tendrán dificultades de paso. Son los sastrugis, que en la Antártida ya sorteó sin problemas el Inuit WindSled de Ramón Larramendi en 2012. 

El equipo ahora en marcha alcanzará  los 88 grados sur, justo donde convergen las órbitas de ICESat-2, lo que permitirá comparar los datos, según ha señalado  Kelly Brunt, líder de calibración y validación de ICESat-2 en el Goddard Space Flight Center de la NASA. Esta campaña clave, reconoce la NASA, ha tardado años en desarrollarse y ha contado con la ayuda logística del Programa Antártico de los EE. UU y de la  National Science Foundation. Los dos vehículos PistenBullys remolcarán cada uno un trineo de plástico, de aproximadamente unos 2,5 metros por 18 metros de largo, en los que llevarán las tiendas de campaña, la comida, los equipos y  el combustible extra.

Los expedicionarios ya ha salido del Polo Sur y viajan a lo largo de una línea transversal establecida entre la estación más al sur y McMurdo. Justo después de que lleguen a 88 grados sur, girarán y seguirán la línea de latitud por 186 millas. Luego, volverán al punto de origen. Todo ellos a un ritmo de unos 50 km por día. “Habrá momentos en que el viaje será tranquilo y habrá otras ocasiones en las que habrá que dar vueltas para sortear los sastrugi”, auguraba antes de la partida Brunt.

Brunt y Neumann, en tres sitios de la ruta, también harán un experimento: configurarán una cuadrícula de nueve cubos reflectores, tan pequeños como la punta de un dedo meñique, y marcarán sus coordenadas; de este modo, cuando ICESat-2 esté en órbita, comprobarán si  uno de los seis rayos láser del satélite choca con un cubo. Si es así, el cubo reflejará la luz del láser a una intensidad mucho mayor que la normal, lo que permitirá verificar la precisión de los datos satelitales. “Si alcanzas ese pequeño punto, sabrás exactamente dónde golpeó el láser en el suelo”, dijo Brunt.

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