El Trineo de Viento 'aterriza' en el Centro de Astrobiología

El Trineo de Viento ‘aterriza’ en el Centro de Astrobiología

La curiosidad ante la innovación que supone el Trineo de Viento de Ramón Larramendi para la ciencia más puntera se ha transformado en interés para el medio centenar de investigadores del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) que han acudido a la conferencia que Larramendi y el expedicionario Hilo Moreno han ofrecido en el salón de actos de esta institución. “Nos ocurre a menudo que hasta que los científicos no lo ven, no se hacen idea de todas sus posibilidades, pero nuestro objetivo es que sea útil para sus proyectos”, señalaba el explorador y creador del único vehículo polar del mundo movido por energías renovables.

La cita fue convocada por el científico Víctor Parro, quien lidera varios proyectos sobre la búsqueda de vida fuera de la Tierra, para que todos los investigadores del CAB pudieran conocer de primera mano los detalles. Larramendi explicó, concisamente, cómo ha evolucionado el Trineo de Viento en los últimos 18 años con diferentes expediciones a Groenlandia y la Antártida. “La clave del éxito ha sido huir de la complejidad porque en mitad de esos territorios inhóspitos las averías se deben solucionar sin asistencia externa, no hay ‘tele-trineo’ para pedir ayuda, pero a la vez ha sido crear un desarrollo tecnológico que nos permite llevar hasta 2.500 kilos de carga y viajar miles de kilómetros con gran eficiencia y sin contaminar”.

Larramendi comentó como tras unas primeras expediciones en las que su objetivo era “llegar lo antes posible” a su destino, finalmente comprendieron que el Trineo de Viento funciona perfectamente a una velocidad media de unos 15 kms / hora, máximo, lo que ha permitido aumentar su tamaño y sus opciones como medio de transporte y laboratorio polar.

Víctor Parro, en la conferencia.

“Es evidente que queremos competir con los grandes vehículos oruga que se utilizan ahora en las expediciones científicas polares, vehìculos que consumen 5 litros de combustible por km, lo que supone llevar 164 toneladas de gasóil en un recorrido de 7.000 kms como el que puede hacer el Trineo de Viento sin gastar más que 200 litros. Son los necesarios para hacer agua para beber. La energía nos la da el viento con las cometas, que pueden ser de hasta 100 o 150 metros cuadrados”, explicó Larramendi.

Gran parte de la conferencia, como no podía ser menos ante un foro tan especializado, giró en torno a los trabajos científicos que se han desarrollado en las últimas expediciones. Hilo Moreno recordó que han llevado a bordo hasta 400 kilos de equipamiento científico en la expedición Río de Hielo Groenlandia 2017, funcionando todo con gran eficiencia. “Dadas las características del vehículo es preciso adaptar los equipos a las circunstancias, pero en este último viaje logramos recoger 12  muestras con perforaciones en coordenadas exactas del interior de Groenlandia, trabajos que desarrolló Ross Edwards, y también recogimos datos de esa nieve con un georradar durante 1.000 kilómetros. Sin un vehículo como éste hubiera sido costosísmo obtener esos datos”, asguró el expedicionario.

Los investigadores se interesaron por las dificultades que pueden tener para frenar el Trineo de Viento con toda su carga, si bien Larramendi e Hilo les aclararon que basta soltar la cometa para frenarlo, al no haber grandes pendientes, y que ante la dificultad de subir la cometa, proceso que lleva tiempo al situarse a 300 metros del vehículo, han desarrollado un protocolo para mantenerla en el aire. “Nuestra batalla ahora es desarrollar todo su potencial para la investigación incrementando la energía que se puede generar a bordo, porque en lo referente al costo, logística (todo se traslada en un pequeño avión u helicóptero) o impacto ambiental, no hay comparación posible con otras alternativas”, argumentó su creador.

Precisamente el suministro de energía, que se realiza mediante placas solares, fue otra de las cuestiones que despertó más interés entre los asistentes, sobre todo en cuanto a su capacidad de acumulación en baterías, un asunto que está en desarrollo en un centro de investigación en Estados Unidos gracias a una iniciativa de Ross Edwards.

Al final, los científicos del Centro de Astrobiología reconocieron que las condiciones en el interior de los territorios polares son muy similares a las que puede haber en otros planetas, por lo que conocerlas es de gran utilidad para sus proyectos. De hecho, este año un proyecto del CAB participa en la campaña antártica española que está a punto de llegar a las dos islas en las que España tiene bases científicas en el continente blanco.