Carta de Hilo Moreno desde el hielo: "El año de las tormentas"

Carta de Hilo Moreno desde el hielo: “El año de las tormentas”

HILO MORENO 

Parece que este año es el año de las tormentas. Primero me tocó en la Antártida, donde estaba refugiado en una base científica española mientras fuera soplaban rachas que alcanzaban los 140 kilómetros por hora. Ahora ha sido en el polo opuesto,  en Groenlandia, y los vientos han alcanzado los 100 kilómetros por hora mientras también me resguardaba en una base científica, aunque en este caso en forma de trineo tirado por cometas.

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Comenzó la ventisca sin ninguna advertencia, de manera imprevista y sin estar preparados para ella. Por suerte acabábamos de bajar la cometa pues la visibilidad y el viento que crecía no permitía la navegación.

Nos encontrábamos en la parte delantera del trineo cuando nos dimos cuenta de que el viento arreciaba más de lo esperado, así que nos pusimos a afianzarlas tiendas y el trineo, cuando el viento subió de intensidad de manera alarmante. Al final, Ignacio, Vicente y yo   (estamos divididos en equipos de tres personas que realizamos turnos de 1o horas) terminamos refugiados en la tienda delantera, protegiendo la pared de lona que se combaba amenazadora con cada racha, mientras el otro turno descansaba en la tienda principal.

Pasaron cerca de seis horas  de tormenta, hasta que por fin se instaló sobre el ‘inlandsis’ una suave calma, acompañada por las luces plateadas de un anochecer que enseguida se confundió con el alba. Nuestro turno llegó a su fin y, como cada día, nos juntamos los seis en la tienda principal para cenar juntos. Ellos dispuestos a comenzar su jornada de “trabajo”, con lo cual era en realidad su desayuno, y nosotros para calentarnos al abrigo de nuestros sacos tras completar la nuestra.
Ahora reina de nuevo una gran calma y nuestro Trineo de Viento está a punto de echarse a navegar por el hielo. Tras un día y medio de viento en contra, hemos reparado todos los desperfectos, perfeccionado algunos detalles que quedaban por pulir e incluso hemos podido dedicar varias horas a diversos experimentos científicos. Solo nos falta que Eolo sople a nuestro favor y continuar nuestro ascenso hasta Summit por la superficie helada.

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