Expedición Transantártica 2005-2006

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Después de cuatro travesías en Groenlandia, en las que se pone a prueba en innovador Trineo de Viento, llega el esperado momento de ponerlo a prueba en la Antártida. Ramón H. Larramendi, lo diseñó pensando en los fuertes vientos que hay en el interior del continente blanco, como alternativa a los contaminantes ‘camiones oruga’ que utilizan los investigadores de las bases científicas diseminadas por el territorio. En 62 días, los tres miembros de la tripulación recorrerán 4.500 kilómetros, y son los primeros en llegar al Polo Sur en Inaccesibilidad, el lugar más remoto de la Antártida, y por lo tanto de la Tierra.

En 2003, Larramendi y Juan Manuel Viu logran que el el Comité Polar Español acepte la expedición del Trineo de Viento,  con la que pretenden cruzar el continente de lado a lado, como una expedición científica, en la que se recogerán muestras de nieve cada 40 kilómetros. Gracias al apoyo de la Universidad Autónoma de Madrid, del investigador Eduardo Martínez Pisón y la Universidad de Grenoble se logra incorporar el viaje al Programa Antártico español, y de ese modo se facilita que puedan conseguir los permisos.

En los meses siguientes, los dos expedicionarios intentan conseguir el apoyo de los franceses para poder acabar su ruta en la base Dumont d’Urville y salir en en buque oceanográfido ‘Astrolabe’, pero los científicos franceses se niegan a apoyar el proyecto desde el principio, lo que mantendrá en vilo a los expedicionarios hasta el último momento.

Paralelamente, se incorpora al equipo el alpinista y experto en energías renovables Ignacio Oficialdegui, al que Larramendi conocía por sus expediciones anteriores, una de ellas al Polo Sur Geográfico.

Otro escollo previo al viaje que les lleva mucho tiempo es organizar un plan de rescate por si hay problemas, lo que se consigue en 2005, cuando la compañía aérea ALCI inicia los viajes entre la Antártida y Sudáfrica desde este último país. Además, el equipo consigue financiación de Mapfre, Acciona Energía, Grifone (para parte del material) y también del programa ‘Al filo de lo Imposible’ de RTVE, que grabará imágenes de la partida.

Construyendo el Trineo de Viento.

Construyendo el Trineo de Viento.

Finalmente, en octubre de 2005 el equipo pone rumbo a Ciudad del Cabo, donde les esperan dos serios problemas antes de la salida: los travesaños de fibra de carbono que habían preparado se rompen con facilidad y les han requisado el combustible de los hornillos que utilizarán en la travesía. Ambos problemas logran solucionarse, el primero de ellos gracias a una madera tropical muy resistente y ligera (meranti) con la que se fabrican en tiempo récord 90 travesaños y raíles (de cinco metros de altura y en una pieza). Además del material del trineo, el equipaje incluye alimentos para 85 días. En total, 300 kilos de peso.

Por fin, el  2 de noviembre vuelan a la base antártica rusa de Novalazarevskaja, donde pasan unos días hasta que un vuelo les lleva a 100 kilómetros de la costa, sobre un domo glaciar situado a 2.800 metros de altura. En unas horas, logran montar el trineo y distribuir la carga, preparándose para la salida prevista para el día siguiente.

El primer día logran recorrer 86 kms. con una cometa de 65 metros cuadrados, demostrando así la capacidad de arrastre de peso del Trineo de Viento. En los 10 días siguientes siguen avanzando y subsanando sobre la marcha algunos de los problemas que surgen, como la rotura del teflón que el Trineo lleva atado debajo de la madera para favorecer su deslizamiento o el de los raíles y travesaños, que no resisten por igual la dureza del terreno a la fuerte velocidad que en ocasiones impone el viento, aún con la pequeña cometa de 16 metros cuadrados.

Las dificultades son tantas que cuando llevan solo 400 kms recorridos, deben abandonar parte de la carga para poder alcanzar la base rusa Vostok. Para mejorar la distribución de peso, optan por dividir los tres cuerpos del trineo, separando uno de ellos para construir un pequeño trineo donde vaya solo carga y que se enganche al primero, como un convoy.

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Con el nuevo ‘modelo’ logran avanzar elevando la cometa, con la línea de 300 metros,  hasta los 150 metros de altura para captar vientos a favor , pero al final deben volver al diseño original, pues éste les impide colocar la tienda que les sirve de protección contra el frío. Mediante el sistema de ensayo y error, los expedicionarios van descubriendo las técnica para navegar con elevados sastrugis, o cómo realizar giros a 25km/h. Para su sorpresa, los vientos son más fuertes de lo que esperaban en el interior de la Antártida y la nieve también es mucho más dura. Por otro lado, durante días y días tienen vientos laterales respecto a la dirección que llevan, por lo que deben usar el tiro lateral, que es mucho más complejo.

Los expedicionarios en el Polo Sur de Inaccesibilidad.

Los expedicionarios en el Polo Sur de Inaccesibilidad.

El 11 de diciembre logran llegar los primeros al Polo Sur de Inaccesibilidad real, según el Instituto Británico de Estudios Antárticos. En 1958 llegó una expedición rusa alcanzó un punto que resultó no ser exacto. Los tres españoles lo consiguen sin un vehículo mecánico, lo que es un hito histórico.  Días después también alcanzarán el Polo de Inaccesibilidad (lugar más alejado de cualquier punto de atraque de un barco en la Antártida).

A partir de ese momento, los sastrugi disminuyen en tamaño y la travesía se hace algo más cómoda, aunque el frío sigue siendo muy intenso. En seis días recorren hasta 1.000 kilómetros, camino de la base rusa de Vostok; con la cometa de 60 metros cuadrados y la línea de 300 metros avanzan con muy poco viento a favor. En esos días baten el récord de distancia recorrida en la Antártida con 311 kms, frente a los 270 kms del belga Alan Hubert en una banquisa.

Base rusa de Vostok.

Base rusa de Vostok.

Han recorrido 3.000 kms cuando llegan a Vostok, la base enterrada en el hielo y situada sobre un lago subterráneo  (a 4.000 metros de profundidad). Es la segunda expedición no mecanizada que llega a la base rusa, después de la Jean Louis Etienne y Victor Boyarski con trineos de perros en 1991.

En la base rusa, pasan los siguientes días, organizando su salida del continente. Tras arduas negociaciones, ni los franceses de Dumón d’Urville ni los italianos de la base Terra Nova Bay, les facilitan cobertura,así que deben seguir ruta hacia Mirny, una base rusa en la costa. Los europeos consideran que se trata de una expedición deportiva, no científica, pese al sello del Programa Polar.

Finalmente, parten hacia Mirny el 27 de diciembre con viento a favor a 40kms/h y a -32º. Con una cometa de 48 metros cuadrados logran navegar durante 13 horas seguidas y recorrer 218 kms de una atacada. Pero esos primeros días ventosos, son seguidos de otros de calma que dificultan el avance. En el camino, encuentran basura abandonada por los convoyes de suministro de algunas bases antárticas.

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Cuando ya están acercándose a su destino, les informan de que su salida en Mirny se complica porque el rompehielos tiene que partir antes de la fecha prevista, pero esos días aprovechan que el terreno es liso para sacar rendimiento del viento cuando se presenta y poco a poco se van acercando a su meta.

A partir del 5 de enero, sin embargo, reaparecen los peligrosos sastrugi, que indican mayores vientos y también más dificultades técnicas. El tiempo empeora también y disminuye la visibilidad por una tormenta. Los últimos días de recorrido se convierten en una carrera agónica por llegar a tiempo al barco que es la única alternativa que les queda para salir del continente, ante al falta de apoyo que han tenido de otras bases.

Con muchas dificultades, y con el trineo ya en condiciones pésimas, logran ponerse ‘a tiro’ del helicóptero que les llevará hasta el rompehielos ruso. En esos momentos, de los 97 travesaños iniciales del catamarán, quedan 59 y de ellos 14 con reparaciones. Entre los cuatro raíles hay también seis roturas.

¡Pero ha sido todo un éxito!Han recorrido más de 4.500 kilómetros en 63 días a través de la región más inhóspita de la Tierra,y lo han hecho gracias a un vehículo sostenible, abriendo la puerta a una nueva era en la exploración polar.

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