Antecedentes históricos

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Para bucear en los antecedentes del innovador Trineo de Viento de Ramón Larramendi hay que remontarse al finales del siglo XIX, que fue cuando el ser humano comenzó a adentrarse en las inhóspitas tierras polares.

Fridtjof Nansen

Fridtjof Nansen

El primero en intentar aprovechar la fuerza del viento para transportar peso fue el noruego Fridtjof Wedel-Jarlsberg Nansen, que en 1888 lideró la primera travesía por el interior de Groenlandia, a la sazón, la primera gran incursión en los hielos conocida. Entre 1893 y 1896, Nansen  intentó llegar al Polo Norte, y aunque no lo logró, aquel viaje sirvió para sentar los fundamentos de lo que sería la exploración polar durante el siglo XX. Fue Nansen quien ideó la estrategia de situar depósitos de suministros durante parte del recorrido, quien mejoró con técnicas esquimales el vestuario, el primero usar los esquís, el pionero que introdujo en las expediciones los trineos tirados por perros y por personas para expediciones (lo que los indígenas inuit ya usaban para cazar desde hacía mucho tiempo) y, además, quien instaló el primer mástil al tradicional vehículo esquimal.

Ya en 1888, durante el viaje al interior de Groenlandia, instalaron velas en dos trineos, que unieron entre sí con una tienda de campaña, como si fuera un catamarán, lo que les permitió aprovechar el fuerte viento que soplaba detrás de ellos y aumentar  considerablemente su velocidad.

Posteriormente, todos los grandes exploradores polares de su época visitaron a Nansen antes de iniciar sus viajes, aprovechando sus conocimientos e innovaciones, entre ellas la de utilizar una vela. Así lo hicieron Ernest Shakleton, Robert Scott o Roald Amundsen en sus expediciones en la Antártida, camino del Polo Sur, si bien los mástiles acababan por romperse debido a las dificultades para maniobrar con la vela sobre el duro mar de hielo.

A lo largo del siglo XX, se siguieron haciendo intentos y desde comienzos de la década de los 70  hubo varios proyectos, más sofisticados, para navegar con los trineos como si se tratara de veleros. Los exploradores sabían que había que aprovechar la geografía plana del interior de los territorios polares y los fuertes vientos para convertirlos en barcos. No sólo se adquiría velocidad, sino que con ese sistema se hacía innecesario llevar perros, evitando problemas con los animales y el sobrepeso que suponía su alimentación.

Por otro lado, desde 1994 el Tratado Antártico prohibió llevar perros al continente blanco, con el fin de evitar que transmitieran enfermedades (como el moquillo) a las focas, la introduccion de otros parásitos o, sencillamente, que arrasaran las pingüineras. 

El velero de Pierre Magan.

El velero de Pierre Magan.

Pero en todas las pruebas que se hicieron el problema fue encontrar el diseño perfecto. 

Uno de los proyectos más conocidos es el que realizó el canadiense  Pierre Magnan, quien publicó el libro El velero de los desiertos polares  sobre su aventura en un trineo diseñado por él  mismo a través del Gran Norte (hizo algunos viajes desde las ciudades canadienses de Churchill, Eskimo Point y Resolute Bay  y un raid hasta el Polo Norte geográfico).  En su diseño, el explorador instaló una vela sobre un trineo de fibra de carbono, vehículo que bautizó como Clarabella, y consiguió navegar sin carga a buena velocidad, pero no realizó ninguna travesía superior a 100 kilómetros.

A finales de los 80, el biólogo y explorador francés Jean Louis Etienne y el norteamericano Will Steger  desarrollaron un nuevo intento de velero polar, el Proyecto Albatros, para una gran travesía en la Antártida. Nunca llegó a ser una realidad.  Ambos, finalmente, atravesarían el continente en el verano austral de 1989-1990, pero lo hicieron con perros y trineos, como Roald Amundsen 80 años antes. El viaje, de 6.300 kilómetros, duró siete meses.

Otros dos expedicionarios que han intentado aprovechar las posibilidades del viento han sido  el noruego Borge Ouslad y el alemán Thomas Ulrich, que instalaron cometas en los trineos para trasladarse por el Campo de Hielo Patagónico sur, una gran masa glaciar de 400 por 80 kilómetros. Ambos cruzaron ese territorio en autonomía en el año 2003, pero para entonces Ramón Larramendi ya había viajado varias veces a Groenlandia con su Trineo de Viento, recorriendo distancias muy superiores.

Experiencias de utilización de cometas para impulsar a una persona también ha habido varias en la última década, pero ninguna alternativa, como la del Trineo de Viento, permite trasportar materiales científicos y a varias personas en un larga travesía polar.

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