Me atrae descubrir, explorar lo desconocido, adentrarme en las regiones más misteriosas e inaccesibles de nuestro planeta. El frío extremo, la soledad polar, compartir lo básico con unos amigos en medio de la nada en alguno de los rincones más olvidados y hostiles de la tierra, el privilegio de afrontar la adversidad sintiéndonos los únicos seres humanos en la tierra. La sencillez de lo auténtico, desprovisto de toda superficialidad. El espíritu de la exploración polar es la añoranza de una vida plena, afrontando un mundo salvaje y virgen que todos hemos soñado alguna vez. Por todo esto emprendí la Expedición Circumpolar.
Ramon Larramendi
Abril de 1993, un mes después de regresar de la Expedición Circumpolar


